lunes, enero 04, 2010

Tiempo de Oración

Esta mañana lamentamos el fallecimiento de la querida tía de Abel y David Segarra quien finalmente sucumbió a la enfermedad que arrastraba, pero estamos convencidos y nos gozamos de que ahora ya se encuentra en la presencia del Señor. Atras queda toda una obra que podrá poner en sus pies. Empezamos el año con una despedida, aunque esperamos que sea temporal. Nuestro hermano Tito marcha a su país, Bolivia, a visitar a su familia después de mucho tiempo. Nos alegramos también hoy de tener entre nosotros a Maria Eugénia, hermana de Sofi, quien trae saludos de la Iglesia que se reune en Ciudad Real. Esta mañana el ministerio ha venido de la mano de nuestro hermano y anciano Carlos Serra Puig.


LA ORACIÓN

Los discípulos pidieron al Señor que les enseñara a Orar. La oración, como todo aquello que ha de salir bien, requiere pues disciplina. La oración no es cualquier cosa que nos podamos tomar a la ligera. Es tan importante que el mismo Señor Jesucristo le dedicaba largas horas.

En Mateo 14:23 y Lucas 5:16 nos dice que el Señor que subió al monte a orar a parte. La oración requiere momentos de soledad y comunión con Dios en un lugar apartado. Debemos reservar a diario nuestro tiempo para estar a solas con el Señor y así poder abrirle nuestro corazón.

Marcos nos dice que el Señor se postró en tierra y oró. La oración también requiere reverencia y humildad delante de Dios. No podemos acercarnos a Él con Espíritu altivo, orgulloso o arrogante.

Lucas también nos dice que el rostro del Señor se transformó mientras oraba. Si queremos ser imagen de aquel que nos ha salvado debemos también de dedicar nuestro tiempo a la oración. No hay otra manera de ser transformados de Gloria en Gloria despojándonos de nuestra vieja naturaleza conforme a sus vicios y pecados y así poder vestirnos de la nueva conforme a la persona de Cristo.

Todos en la vida somos tentados en un momento u otro. Una de las mejores armas para combatirla es la oración. Sin ella, sin duda, sucumbiremos fácilmente. Pero orar no debe convertirse en un amuleto de la suerte. De nada sirve recitar unas palabras que no sentimos o no entendemos. La oración es verdadero dialogo con Dios, no de igual a igual, sino de hombre (criatura) a Dios (Creador y Señor nuestro).

Es necesario entonces reflexionar y preguntarnos por qué oramos tan poco si la oración es fuerte de tanta bendición.  No nos engañemos, no habrá vidas de victoria sin oración.  Lo primero que deberíamos hacer al levantarnos cada mañana es presentarnos delante del Señor. No temamos, Dios no se cansa de escucharnos y no necesita que sigamos ningún ritual que abra sus oídos.

La oración puede surgir de muchas formas: Podemos orarle "telegráficamente" en medio de toda circunstancia. Él no rechazará nuestra petición de ayuda. Pero no olvidemos que el Señor no solo es un servicio "112" de emergencia, es alguien más. Él también está dispuesto a conversar con nosotros de la misma forma que un padre habla con sus hijos ¿estamos dispuestos ha hablarle como un hijo a su padre? Nunca deberíamos utilizar el nombre de Dios en vano. A causa de esto muchos han abandonado la fe y muchos otros no se acercan a ella.  Tenemos confianza para acercarnos a Dios pero nunca deberíamos perder el respeto, reverencia y sujeción que le deben sus hijos.

La oración puede ser más poderosa si nos reunimos en mayor número. Pero lo más importante sigue siendo nuestra motivación y que el Señor esté en medio nuestro. Quizá con cierta frecuencia, el Señor no puede entrar en nuestras reuniones de oración porque nuestra comunión con Él ha sido casi nula todo el tiempo que pasó desde la última vez que pisamos la iglesia. Otro obstáculo con el cual nos encontramos es la falta de amor entre los creyentes. No podemos levantar una sola palabra al cielo si no somos capaces de perdonarnos los unos a los otros. Otro obstáculo que impide la oración en nuestras vidas son las "distracciones". Ha menudo llenamos tanto nuestros corazones de tantos afanes que nos cuesta horrores olvidarnos de ellos, aunque solo sea momentaneamente,  y así poder concentrarnos en tener comunión con el Señor. Oremos pues para que el Señor nos enseñe a orar.








jueves, diciembre 10, 2009

31 Años de Constitución Española


La Constitución que estamos viviendo actualmente en España es la más larga de la historia de nuestro país. Damos gracias al Señor por este considerable periodo en el que hemos vivida con relativa abundancia , prosperidad y bienestar. Sin embargo existe otra Carta Magna aun ignorada bastante en nuestro país y en el mundo entero. Se trata de algo más que un conjunto de obligaciones y derechos. Mediante la Palabra  que Dios nos ha dejado a toda la humanidad hoy podemos emprender el camino que nos lleve definitivamente a Él.

La Palabra es inspirada por Dios, por lo tanto es inerrante. Dios mismo, mediante 42 distintos autores de distintos lugares y distintas épocas compuso este único libro llamado Biblia, quien al igual que Jesucristo, comparte naturaleza humana y divina. En este preciado libro, por un lado, la esencia del mensaje y el significado o propósito son divinos mientras que las manos que escribieron con su personalidad, las experiencias plasmadas, y las circunstancias acontecidas son plenamente humanas y distintas en cada autor.

No podemos entender toda La Escritura porque es Dios quien da el significado en el lugar y en el momento adecuado. Que no  entendamos ciertas partes de la Escritura no nos da derecho a desposeerlas de valor o significado. La Palabra de Dios se vuelve viva y eficaz cuando es transmitida por  el Espíritu Santo. La Palabra del Espíritu es como una espada que corta y pone en evidencia el pecado del corazón humano. La Palabra de Dios nos da la argumentación necesario para rebatir aquellos que se levantan contra Cristo cuestionando así su obra redentora.

Que por muchos años más la Palabra de Dios pueda ser ofrecida en este país. Porque el dia en que  amemos la Palabra de Dios, más incluso que a nuestra querida Constitución, entonces comprenderemos que  "no solo de Pan vive el hombre, sino de toda Palabra de sale de la boca de Dios".

Si la verdad divina recogida en el texto solo puede ser revelada por el Espíritu Santo, entonces no es necesario tener una gran capacidad intelectual para entenderla. Se requiere más bien humildad y una buena disposición en nuestro corazón delante de Dios.

La enseñanza siempre juega un papel fundamental en la vida del ser humano. Ya desde pequeños no cesamos de adquirir conocimiento.  Igualmente en el plano espiritual necesitamos presentarnos delante de Dios, ahora nuestro Padre en Cristo Jesús, admitiendo que todo lo tenemos todo que aprender de su Palabra y de su mano.

Damos gracias a Dios por la libertad que nos ha dado la Constitución. Gracias a ella hoy podemos tener, leer, distribuir y predicar libremente la Palabra de Dios. Pero ojalá amáramos más este gran libro, por que entonces nos daríamos cuenta que "no solo de pan vive el hombre sino de toda Palabra que sale de la Boca de Dios".

miércoles, noviembre 25, 2009

Preprarándonos para el último viaje

Esta mañana nos ha acompañado en el ministerio de la Palabra nuestro hermano y siervo del Señor, Francisco Mira. En su ministerio ha compartido con nosotros un mensaje meditado en 2 Reyes 20:1-11.

• A menudo vivimos ignorando que estamos de paso. Ninguno de nosotros sabemos cuándo ni como moriremos, pero ello no nos es excusa para vivir como si nunca fuese a llegar nuestra hora.

• La enfermedad que había contraído Ezequías era mortal. Hasta aquí nada nuevo, lo extraordinario del caso es que Dios mismo le dice en el momento de contraer la enfermedad: "morirás y no vivirás". Esta historia nos ayuda a prepararnos para el final de este corto viaje que es la vida ¿Es sensato prepararnos para nuestra partida? ¿Qué haríamos nosotros si Dios nos confirmara que nuestra muerte es inminente?

• Lo primero que hace Ezequías al conocer la noticia es orar (2-4). Le pide a Dios fervientemente unos años más de vida. ¿Cuánto tiempo le pediríamos nosotros, y para qué? La vida no solo es ir cumpliendo años. También hay que llenarlos con propósitos que glorifiquen a Dios.

• En los versículos del 5-6 vemos como el Señor le concede su petición de manera inmediata. La salud es bueno cuidarla, pero en última instancia vemos que solo la concede Dios. El Señor escuchará finalmente a Ezequías concediéndole 15 años más de vida. Pero notemos que El Señor no se lo concede por méritos propios sino por "amor a si mismo" y al "rey David", prototipo de nuestro Señor Jesucristo. Nosotros los cristianos, igualmente, solo tenemos una esperanza al levantar nuestras peticiones en oración, la de nuestro Salvador.

• La muerte es una realidad que no podemos obviar. Debemos tener una perspectiva bíblica de la vida y la muerte, ya que ambas son las dos caras de nuestra existencia. Aun así vivimos en una sociedad que vive ignorando completamente la innegable realidad de la muerte.

• ¿Podemos decir con Pablo "Para mi el vivir es Cristo y el morir es ganancia"? ¿Nuestra comunión con el Señor ha transformado nuestra perspectiva existencial? La muerte no es originalmente voluntad de Dios. Sin emargo, nosotros los cristianos podemos observarla desde la perspectiva que nuestro Salvador, el Señor Jesús, pues Él ya la ha vencido. Ciertamente, la aceptación de la muerte nos da la percepción correcta de la vida. Debemos entender que no vamos a estar aquí para siempre y tarde o temprano tendremos que comparecer delante de aquel que nos dió la vida.

• Antes de iniciar los preparativos de nuestra partida debemos tener bien presente que nada traemos a este mundo y nada sin duda nos vamos a llevar. Por lo tanto, haremos bien en ser responsables con los bienes materiales que dejamos: Será sabio dejar testamentos claros que eviten conflictos entre nuestros herederos. Muchos hermanos nuestros han tenido incluso a bien dejar parte de lo ganado para la obra de Dios, lo cual es ciertamente loable.

• Billy Graham dijo una vez que "los funerales son para los vivos, no para los muertos". Los funerales son oportunidades únicas para predicar el Evangelio. Puede ser bueno dejarlo todo preparado, no tanto pensando en nosotros, sinoen una ceremonia que puede llegar a ser de gran bendición para otros.

• Pero lo más importante es, sin duda alguna, poner orden en nuestra vida espiritual. La muerte primera sin Cristo da pie inevitablemente a la muerte segunda sin Cristo. Ello significa entonces que sin Cristo no nos queda mayor esperanza que la de una muerte eterna.

• La enfermera del incrédulo Voltaire dijo en una ocasión: "Ni por todo el oro de Europa quiero volver a presenciar la muerte de un incrédulo". No hay nada peor que la desesperación de aquellos que no tienen esperanza alguna frente a la muerte. Menudo contraste con el testimonio dejado por el creyente Wesley, quien dijo en sus últimos momentos: "Lo mejor de todo es que el Dios está conmigo".

• ¿Cómo prepararnos entonces para enfrentar la muerte? Cristo es la clave. Él no solo sacó a la luz la muerte, también la resurrección por el Evangelio. El testimonio de Jesucristo nos pone en evidencia delante de la muerte, pero también nos acerca la Esperanza de su victoria y la Vida Eterna através de la fe en su Persona.

• El Cielo es, con toda certeza, tremendamente real, pero las Escrituras dicen que no es la única opción. El infierno es igualmente cierto y no lo podemos ignorar ¿De qué depende un destino u otro? En la parábola del "rico y Lázaro" aprendemos que nuestro destino solo lo podemos decidir ahora, antes de la muerte. Algunas personas piensan que podrán alcanzar la Gloria por lo que, a sus ojos, son buenas obras. Pero nadie por sí mismo podrá jamás llegar al Cielo: "Por cuanto todos pecaron". Y nadie tiene excusa. La Palabra también nos dice que hay un grado mínimo de revelación natural, al cual todos debemos dar una respuesta. Dios está dando testimonio al hombre constantemente bien a la luz del Sol o bajo la de las estrellas.

• Una vez más, la Palabra dice que solo en Cristo hay salvación. No hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres en el que podemos ser salvos. No nos olvidemos de proclamar el mensaje más importante y más necesitado por la raza humana. Se calcula que cada día mueren unas 150.000 personas. Y la mayoría sin Cristo.

lunes, noviembre 09, 2009

¿Tanto nos ama el Señor?

Hoy ha sido un día en el que hemos compartido un gozo especial en nuestra congregación. Ha sido por doble partida. Por un lado, esta mañana hemos contado con el ministerio de nuestro querido hermano Jordi Urbea. Su mensaje nos ha llegado a todos al corazón. Resulta siempre una especial bendición comprobar como el ministerio de nuestro hermano correspondía con el mismo testimonio de su vida. Lo hemos comprobado especialmente aquellos que hace tiempo que le conocemos y hemos sido testigos de primera mano de la obra de Dios en su vida. Por otro lado nos ha sido también motivo de gran gozo poder hacer partícipes a todos los miembros de la congregación del ministerio "Niño de la Navidad" en el cual todos podemos aportar algún granito de arena a esta importante labor misionera y a la vez tener el honor de dibujar el más bello de los dibujos: "la sonrisa de un niño".

• Cuando pensamos en países necesitados del Evangelio solemos pensar en países del tercer mundo. Pero hay países muy necesitados en nuestra querida Europa, la que una vez fue cuna de la cristiandad se encuentra hoy más necesitada que muchos países del tercer mundo.
• Satanás sigue una táctica muy distinta aquí en occidente a la que sigue en otros lugares del mundo. Aquí no somos perseguidos como en los países musulmanes, hindúes, o comunistas. Aquí , más bien, somos inhibidos mediante multitud de comodidades y distracciones que nos impermeabilizan al Evangelio y su poder manteniéndonos no solo inmunes a la salvación sino también más alejados de Dios, si cabe.
• La crisis que vivimos ha desmontado muchos de nuestros castillos de naipes. Ha puesto al descubierto que nuestras vidas se han estado apoyando sobre los débiles fundamentos del materialismo, y ahora de repente parece que descubrimos nuestra desnudez.

El mensaje compartido esta mañana ha tenido sus raíces en Génesis 22.

• Sorprende de este episodio de la Escritura que Abraham no se cuestiona el obedecer o no la tremenda petición de Dios ¿Cómo podía obedecer al Señor después de tanto tiempo esperando al hijo que tanto quería? Pero Abraham sabía mejor que nadie que aquel hijo era un regalo de Dios, parece comprender que si Dios se lo dio también se lo puede quitar en pleno derecho. A menudo olvidamos que el Señor es quien nos da todas las cosas. Aunque solemos preferir pensar que lo que tenemos es solo resultado de nuestro buen hacer. Es entonces cuando solemos caer en la adoración de lo que Dios nos ha dado en lugar de adorar a quien nos lo ha concedido.
• Pero fijémonos ahora en Isaac. No nos puede pasar por alto el amor, la confianza y el respeto que tenía a su padre Abraham. Confiaba tanto en su padre Abraham como Abraham confiaba en Dios. Vemos entonces como la confianza en el Señor siempre es contagiosa, y nunca dejará indiferente a ninguno de aquellos que nos rodean, especialmente nuestros más allegados ¿Aprenden entonces nuestros hijos a confiar en nosotros observando nuestra confianza en Dios?
• Este episodio de la vida de Abraham cuestiona, sin duda, nuestra confianza en el Señor ¿Qué haríamos si el Señor nos quitará lo que más queremos en la vida?
• El Señor nunca nos pedirá que neguemos el amor que le debemos a nuestros hijos o familiares, pero sí nos va pedir en algún momento que midamos el amor que le tenemos, y desde luego no se va a conformar con ser el segundo en nuestro "ranking" de personas más queridas. Todo cambia cuando nuestro bien más preciado es nuestro Salvador el Señor Jesucristo. El nos da la luz que necesitamos para amar en plenitud a todos aquellos que nos rodean. Amándole a Él, su mismo amor fluirá en nosotros alcanzando a todos.
• No es fácil poner nuestra esperanza en Dios. A menudo preferimos apoyarnos en nuestros pequeños "amuletos" para seguir viviendo. Pero todo cambia cuando nuestra mayor esperanza no está puesta en las cosas de este mundo, sino en el Señor mismo y en el saber que un día estaremos con él ¿Esperamos su venida más que nuestras próximas vacaciones? Solo cuando depositemos nuestra esperanza en Él seremos liberados de todas las ataduras que nos impone una vida que pronto se acabará.

Obedecer al Señor tiene su recompensa. Y no es tanto aquello con lo cual el Señor nos pueda bendecir en esta vida sino su misma persona. El Señor no está tan obsesionado en el "tener" como lo estamos nosotros. Él más bien quiere que "seamos" en Él. Suele haber un camino a recorrer antes que comprendemos que nuestra porción es el Señor, que Él mismo será el sustituto de todo aquello que nos hace falta. Que hemos sido creados para ser como Él es.

domingo, octubre 25, 2009

La ascensión

Hoy destacaremos la proyección de la película "El Ascenso" (The climb). Esta más que aceptable película nos ha transmitido perfectamente el mensaje del Evangélio, no solo a nosotros, sino a algunas personas no creyentes que nos han visitado, algunas invitadas por hermanos, otras atraídas por la publicidad en la entrada de la Iglesia. Agradecemos el trabajo de Joaquin con este incipiente ministerio. Igualmente, no podemos callar la buena remodelación del equipo de sonido que nuestro hermano ha hecho, algo que ya era tan urgente como necesario. Gracias al Señor por su utilidad en sus manos.

Esta mañana nuestro hermano José Giménez nos ha traído el mensaje de la Palabra de Dios considerando el texto recogido en 1 Samuel 25:1-26. En el transfondo de este pasaje encontramos a Saúl, rey de Israel que persigue a David, su súbdito. Saúl aun ocupaba el trono, en aquel entonces, a pesar de haber sido rechazado por Dios para reinar sobre su pueblo. Tal situación se dio por que, a lo largo de su vida, este desafortunado rey no se caracterizó precisamente por sus dotes de buen hacer, sino más bien por cosas tales como su tremenda impaciencia. En una ocasión, justo antes de emprender una importante batalla, en el momento de realizar el sacrificio que era menester, por la voluntad de Dios, para obtener la victoria, no quiso esperar al profeta que preceptivamente lo tenía que llevar a cabo sino que optó por hacerlo él mismo, desobedeciendo así a Dios y ocupando una posición que no le correspondía. La respuesta de Dios ante semejante usurpación no se hizo esperar, Dios anunció que el trono de Israel le era quitado y dado a David. Aprendemos de esta lección que el Señor también nos tendrá que quitar aquello que tenemos entre manos, aunque Él nos lo haya dado antes, si no lo utilizamos del modo que Él quiere.

Aún así, Saúl aun gobernaba, de facto, a pesar de haber sido rechazado por Dios mismo, mientras que a David, aún y a pesar de haber sido escogido por el Señor para ocupar su trono, se encuentra huyendo como un fugitivo del malvado rey Saúl. Encontramos pues en David una tipificación del Señor Jesús quien aunque ya ha sido puesto como Rey del Cielo y de la Tierra, aún no ha puesto su trono en Jerusalén, por otro lado tenemos a Saúl quien tipificando la raza humana, ya ha sido depuesto de su trono, aunque aún hoy persiga a los escogidos de Dios y ejerza un dominio que pronto le será quitado.

Pues bien, es en medio de esta situación que nos encontramos a un necio llamado Nabal, un hombre que también guarda grandes similitudes con la raza humana. Resulta que tanto el ganado como los sirvientes de Nabal, incluso él mismo, habían sido protegidos por David durante tiempo, sin embargo, ante la petición de ayuda de los enviados de David, no responde de otra forma que con arrogancia, rechazo y avaricia con aquel que de alguna forma se lo había dado todo.

Pero en esta historia también aparece Abigaíl, esposa de Nabal, mujer sensata donde las haya, quien gracias a su intercesión y sabiduría consigue aplacar la ira de un vengativo David. Podemos observar entonces ciertas similitudes también entre la nueva naturaleza regenerada del creyente, tipificada en Abigaíl, y la vieja naturaleza tipificada por su marido Nabal, que nos es común a toda la raza humana. Aprendemos entonces que también nosotros, estando en una situación parecida, debemos interceder al Señor para que nos ayude a despojarnos de una naturaleza que nos hace resistir la voluntad de Dios en nuestras vidas ¡Merece la pena el esfuerzo!

domingo, octubre 18, 2009

Señor de la Vida y la Muerte

Esta mañana hemos contado con la presencia y ministerio de Bernard Costner. Ha tenido una brillante exposición combinando 1 Samuel 2:6 y Romanos 14:8-9.

Ana (significa "gracia"), madre del profeta Samuel, no tiene hijos y lamenta su condición. El tiempo pasa y el hijo que tanto pide a Dios no llega, la situación se va agravando, además, al ver que la concubina de su marido, Penina (que significa "con rico cabello" o "Perla") sí es capaz de dar hijos a Elcana (significa "Dios ha proveido"), marido de las dos.

Ana reflexiona sobre el significado de la vida y la muerte. A través de la larga espera de su anhelado hijo. Comprende que todo pertenece finalmente al Señor. Que Él da y quita, retiene y concede. Comprende que lo que importa finalmente no es tanto conseguir su anhelado deseo sino buscar la voluntad de aquel que nos ha creado para sí y al cual volveremos tarde o temprano para rendir cuentas. Ana, finalmente, escoge la voluntad del Señor, ya no quiere a su hijo para ella, sino para Dios. El hijo que tendrá, Samuel, será dedicado por su madre al servicio de su creador.

Ana comprende que Dios es Señor de la vida y de la muerte. Estas palabras cubren de misterio nuestra propia existencia. Nos hacen ver de repente que nuestra luz apenas nos deja ver un atisbo de la realidad que nos afecta. Nos llevan a clamar al cielo por una luz que no tenemos y que necesitamos no solo para vivir, sino también para morir.

A menudo decimos "Si Dios quiere" sin preguntarnos si es realmente voluntad de Dios lo que andamos buscando. "El Señor sabe todas las cosas" también decimos, pero ello no hace más que poner en evidencia nuestra desolación en la vida. Ciertamente no necesitamos saberlo todo, tan solo aquello que Dios anhela poner bajo nuestros pies y sobre nuestras manos.

El contentamiento debería acompañarnos todos los días de nuestra vida. Nuestro anhelo debería de ser buscar sin cesar la voluntad y el propósito de Dios para nuestras vidas, aún cuando aquello que se nos ha puesto delante no sea lo que hubiéramos elegido. Pero es que si el Señor es Señor de la vida y de la muerte, entonces, ya no tenemos nada que temer. Nuestra alma ya puede abandonar todos esos futiles intentos de quererlo controlar todo y descansar en aquel que nos trasciende en todo sin remedio.

Sin embargo, el amor de Dios no es inferior a su inmenso dominio y poder, prueba de ello es que Cristo, el Señor de la vida y la muerte, murió y resucitó por amor a nosotros ¿Qué más debe hacer para que nos arrojemos a sus brazos abiertos?

domingo, octubre 11, 2009

La cruz y la brújula

Hoy hemos vuelto a sufrir el efecto "puente", así que la asistencia a la congregación se ha visto mermada una vez más por este fenómeno. Pero los que hemos sido nos hemos gozado una vez más en el Señor por la comunión de los santos y por su Palabra.

Domingo a domingo somos conscientes de la evolución de las obras del local, que paulatinamente van llegando a su fin de la mano de nuestro hermano Tito. Entre las mejoras que estamos viendo, hemos podido comprobar y probar la buena calidad del agua de la nueva fuente que hemos puesto a disposición de la iglesia.

Hemos anunciado que la reunión de iglesia ha quedado aplazada para el próximo día 15 de noviembre. Nos alegramos de que la iglesia evangélica más antigua de Barcelona (c/ Teruel 22) celebre este mes sus 140 años de vida gracias al Señor con algunas actividades que hemos anunciado a nuestros hermanos esta mañana.

En el capítulo de enfermos, seguimos teniendo presente en nuestras oraciones a todos nuestros hermanos con problemas de salud, entre ellos a nuestra hermana Victoria quien últimamente volvía a tener ciertas molestias.

Esta mañana el ministerio ha sido a cargo de nuestro hermano Carlos Serra V. Hemos considerado Romanos 1:8-17. Hemos ido viendo el propósito de Pablo al escribir esta gran carta: Revelar el Evangelio de Jesucristo.

El Evangelio es una forma de vida, nunca deberíamos vivir nuestras vidas al margen de él. La gente debería verlo escrito en nuestros corazones. Sí, somos pecadores y Jesucristo nos ha salvado y justificado muriendo por nosotros en la cruz. Pero su obra no termina aquí, también nos ha dado una nueva vida mediante su resurrección.

El Evangelio es poder de Dios. Una fuerza transformadora, algo imparable que nos concede el don de la salvación y en consecuencia una nueva vida. El Evangelio no solo es una idea, el Evangelio viene de Dios y actúa sobre todo aquel que cree.

Sin Dios en el mundo nos encontramos perdidos y sin esperanza alguna de volver a Él, quien nos creó para sí mismo. Sin embargo abrazar el Evangelio es algo tan sencillo como creer en el Señor Jesucristo. El Evangelio es como una brújula que te indica el camino a seguir. Es volver al camino que nos lleva a Dios, a quien pertenecemos. La salvación por las obras y la salvación por fe se diferencian, básicamente, en que en el primer caso negamos intrínsecamente nuestra culpabilidad asignándonos mérito, en el segundo admitimos nuestra culpa e incapacidad de obrar la justicia de Dios poniendo nuestra confianza y esperanza en su perdón, lo cual también conlleva seguirle por una senda ajena o contraria a nuestra propia naturaleza pecaminosa.

La Cruz nos despoja de nosotros mismos y nos da una nueva vida conforme a nuestro Señor Jesucristo. Somos salvos única y exclusivamente por sus méritos. La salvación no viene puede venir pues por lo que podamos hacer sino por nuestra fe depositada en el Evangelio. Esta fe nos ha dado literalmente “vida”. No somos conscientes hasta que nos convertimos a Cristo de la muerte como estado natural del hombre. Sin el Evangelio estamos muertos, respiremos o no. Por la fe, el Señor nos da Vida Eterna, la vida que él obtuvo por su muerte y posterior resurrección. Una vida que ya tenemos en el momento en que creemos en Él y que va desarrollándose como la gestación de un nuevo ser que va creciendo y desarrollándose hasta el día de su nacimiento en la próxima resurrección, en la cual participaremos todos aquellos que hayamos creído.