viernes, marzo 02, 2012

El Amor como causa de conflicto


MATEO 10:34

Esta mañana hemos tenido el ministerio de nuestro hermano Carlos López.

El Señor no solo vino a traer paz, también conflicto. Conflicto que surge en el círculo más íntimo del ser humano:”La familia”.

Esta es sin duda una de las grandes paradojas de Cristo. Quien nos da la verdadera Paz por un lado, pero por el otro provoca un conflicto inesperado. El conflicto surge de la inmensa necesidad que tiene el ser humano de amar y ser amado por Dios. El amor de Dios rompe todos nuestros esquemas porque se erige como el amor supremo que debe subyugar y dominar todo otro tipo de relación por estrecha que sea.

Damos el amor por medida, a unos les amamos en una medida, y a otros en otra. Sin duda, cualquier persona que exija que se le ame más que a su propio hijo, pretende provocar un conflicto familiar. Sin embargo, Dios si  tiene derecho a demandarnos un amor mayor que los demás.  Tiene derecho a hacerlo no solo por ser Dios, sino porque nadie nos ama más que Él. Prueba de ello es el amor de Cristo que emana de la cruz.

En nuestra existencia no podemos evitar los conflictos. O tenemos un conflicto con Dios, o lo tenemos con nuestros seres más queridos. El amor a tu familia no puede anular tu deber de honrar a Dios. Cualquier amor que podamos dar a nuestra familia, si es mayor que el amor que damos a Dios, terminará intoxicándonos a nosotros y a ellos. Sin embargo, si el mayor amor es hacia nuestro Dios, todos nuestros seres más queridos serán partícipes beneficiarios del mismo.

Nada nos dignificará más que negarnos a nosotros mismos, tomar nuestra cruz y seguir a Cristo. Aunque ello suponga crear un conflicto, nada traerá más honra a todos aquellos que nos rodean. 

viernes, enero 27, 2012

La fe del peregrino

Esta mañana el ministerio de la Palabra estuvo a cargo de José Jiménez.


Como creyentes somos peregrinos.  Sin embargo, a menudo perdemos de vista esta perspectiva de la vida y nos olvidamos de la transitoriedad de la misma.

En Génesis 12 encontramos uno de los peregrinos más notorios de la Biblia: Abraham. Dios le llama de Ur de los Caldeos con una promesa eterna y trascendente. Porque solo un Dios Eterno puede hacer promesas eternas.  La Escritura nos recuerda numerosas veces que no debemos conformarnos a este mundo ni a este tiempo, que, como Abraham,  somos extranjeros y  peregrinos cuya  morada aguarda en los Cielos. Es por ello que se nos exhorta a poner la mirada en las cosas de arriba y no en las de aquí abajo. Si así hiciéramos, no nos costaría tanto abandonar muchas cosas terrenales a las cuales tanto nos aferramos.

En el transcurso del peregrinaje que supone nuestra existencia, lo principal es el tiempo que pasamos a los pies del Señor escuchando su Palabra. Solo así  tendremos la perspectiva adecuada de la vida, solo de esta manera tendremos suficiente discernimiento para escoger el  verdadero camino a seguir.

Todo peregrinaje tiene un principio y un final, en ningún caso se trata de un deambular. Como cristianos estamos involucrados de principio a fin en el Camino: Nuestro Señor Jesucristo.

Para Abraham, el primer paso de la fe fue la obediencia. Su obediencia implicó un gran abandono. Tuvo que dejar: Su casa, su familia, su gente, su trabajo, su riqueza, su seguridad, su comodidad. Tuvo que cambiar todo esto por un desierto en el cual su existencia dependía única y directamente de Dios. La clave de su acertada decisión fue llegar a ver por fe la Jerusalén celestial. Una ciudad infinitamente mejor que la que dejaba, y que le aguardaba al final del camino que emprendía.

El “salir” para nosotros, no necesariamente significa un desplazamiento físico. Significa más bien un cambio de vida, de actitud, de valores, de perspectiva de la vida. Debemos distinguirnos por la manera de vivir del Reino de los Cielos. Al igual que Abraham, Pablo comprendió que todos los bienes terrenales eran como estiércol comparados  con los bienes celestiales. Por ello, pensaron que valía la pena abandonarlos por amor a Cristo. Pues nuestra ciudadanía no está aquí, sino en la Jerusalén Celestial, cuyo fundamento y constructor no es otro que Dios mismo. No perdamos de vista esta perspectiva, la perspectiva de fe que tuvo Abraham.

lunes, enero 02, 2012

Año Nuevo Vida Nueva

Hoy ha tenido el ministerio de la Palabra Carlos Serra Puig.


ÉXODO 14


Ya ha transcurrido un año. Durante todo este tiempo hemos vivido multitud de experiencias y situaciones, algunas placenteras, otras tristes.  Hoy tenemos por delante otro nuevo año  ¿Qué nos deparará este nuevo 2012? ¿Será este un año duro o liviano? Muchos deciden acudir a videntes y astrólogos para saber lo que tiene que acontecer. Pero los cristianos no necesitamos adelantar el futuro para estar tranquilos y confiados. Tenemos la confianza y seguridad que Dios va delante nuestro dirigiéndonos hoy en el presente, a pesar de las adversidades que nos persiguen todos los días.

En el desierto del Sinaí Dios dirigió a su pueblo por caminos que no eran precisamente “los más cortos”.  Sí, para Dios, la distancia más corta entre dos puntos no es la línea recta. Algo incompresible a nuestro entendimiento, tan incomprensible como la nube que los guió en el desierto durante 40 años. Dios hoy también quiere guiarnos mediante su Espíritu Santo y Su Palabra, pero para que ello sea una realidad es menester nuestra fe y nuestra obediencia.

La Palabra de Dios nos dice: “Me has guiado con tu consejo y después me recibirás en Gloria”. Los caminos de los hombres solo llevan a los hombres, pero solo el Camino de Dios, Jesucristo,  nos puede llevar a nuestro padre celestial. Él nos acompañará como hasta ahora durante todo el trayecto de nuestra vida con su comunión y su Palabra.

Durante el transcurso del peregrinaje del pueblo de Israel no faltaron los peligros, las dificultades, las necesidades y, quizá lo más difícil de soportar: La rebelión del mismo pueblo de Dios. No faltaron el desánimo y la angustia, especialmente para Moisés, el que los tenía que dirigir. Pero tampoco le faltó la presencia de Dios que le confortó, le dirigió, e incluso le amonestó y le corrigió en otras.

Ya han pasado muchos años desde aquella travesía por el desierto. Hoy seguimos escuchando la voz de nuestro Señor en su Palabra: “En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo”, “Mi paz os dejo, mi paz os doy”.  En la contradicción de la Cruz encontramos a un Cristo derrotado, crucificado y finalmente muerto. Sí, el cuadro de la cruz es un gran fracaso, pero solo en apariencia. Era necesario que el Justo muriese por los injustos,  y así se cumpliese la justicia y la salvación de Dios en nosotros. Finalmente, la muerte del Señor Jesucristo no pudo detener su Resurrección. Él hoy está vivo, a nuestro lado, pendiente de nuestras voces y de nuestro clamor a Él.

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo.”. El Señor Jesucristo espera tener la más íntima comunión con nosotros. Que su presencia nos acompañe todos los días del año que acabamos de empezar. Que Él sea el primer invitado a nuestra mesa.

miércoles, diciembre 14, 2011

Desde el lindero que un año demarca

Este domingo ha tenido el ministerio de la Palabra nuestro hermano Joan Galcerá.




¿Mirando en retrospectiva, como valoraríamos el año que está terminando? Es bueno examinarnos y evaluar un periodo tan extenso de tiempo. La vida pasa deprisa y es menester que nos evaluemos, de otro modo, Dios mismo lo hará.

Podemos venir a la iglesia como siguiendo un ritual. Acudimos al llamado de Dios ¿tan solo porque creemos que debemos hacerlo, o porque de veras lo sintamos y lo entendemos. No debemos olvidar que al congregarnos acudimos a la presencia del Señor, nunca deben apartarse de nosotros el respeto y el temor reverente que debemos al único Dios, nuestro amado Señor y salvador.

La búsqueda de Dios nunca debe cesar durante todos los días de nuestra vida. Porque Dios es soberano, todo ocurre bajo su autoridad y designio. Hemos sido santificados escatológicamente hablando, si hemos creído, pero aun no somos santos, en un sentido aun no ha llegado ese momento. De hecho estamos en un proceso de santificación. Debemos abandonar todo aquello que entristece el Espíritu Santo, que habita en nosotros, e impide nuestro crecimiento espiritual.

El pecado es perverso y es destructivo en todas sus esferas. No solo los grandes pecados, también los pequeños. Dios aborrece el pecado, y si lo aborrece en el mundo, aún lo aborrece más en nosotros, los que hemos creído. Es por eso, que en medio de la transitoriedad de la vida, nunca debemos dejar de buscar su rostro y de rogar la sabiduría de lo alto. Tenemos que  aprender a valorar nuestros días y presentarlos a los pies de Dios cada mañana. Debemos perseverar en la meditación de la Escritura, ya que si la Palabra de Dios no nos influye, lo harán otras palabras. No hay otra manera de vivir conforme la voluntad de Dios. Son las Escrituras la mejor prevención contra muchos errores, vergüenzas y fracasos. No podemos evitar una conducta moral, así que si no es conforme la moral de Dios, será conforme a la moral de los hombres.
Ya no se puede hacer nada para cambiar el pasado, pero sí podemos examinarnos y arrepentirnos de todo aquello que nunca debimos haber hecho. De Abraham nos dice la Escritura que vivió “lleno de días”, pues Dios aprobó su conducta a través de su vida, de Jacob solo se nos dice que “sus días fueron pocos”,  ya que a él Dios no lo puedo aprobar por lo que hizo, aunque  sí por su arrepentimiento. Sin embargo ni Abraham ni Jacob recibieron aquello  que les había sido prometido, porque la herencia prometida, en definitiva, solo sería entregada a un hombre de su descendencia: A Jesucristo, el Mesías.

Que el año 2012 sea un reto en cuanto a nuestra búsqueda de Dios, que entendamos que nuestros designios están en sus manos y que es a Él al que debemos acudir. Que sea un año lleno del conocimiento de Dios y de frutos del Espíritu Santo. Que los moradores de este mundo entiendan por nuestro testimonio, que existe otra justicia, la que emana del Reino de Dios. Que nuestro clamor más grande sea: ¡Ven Señor Jesús, ven pronto!

domingo, octubre 30, 2011

Santidad en alerta

Esta mañana ha tenido el ministerio de la Palabra nuestro hermano David Sanjulian.


1 Pedro 1:13-24


El apóstol nos insta a estar alertas. Debemos estar atentos al Señor, estar siempre dispuestos a obedecerle en toda ocasión y en toda circunstancia. Toda obediencia al Señor debe empezar con una sincera disposición a perdonar a aquellos que nos han ofendido. Fuimos bendecidos en el perdón, y solo en el perdón podremos bendecir.

El creyente debe también de estar lleno del Espíritu Santo. Debemos dejar que el Consolador ocupe todas las áreas de nuestra vida.  Debemos aprender a tener una comunión con el Señor constante, pues solo por ella podemos  vivir en santidad. El perdón que hemos recibido de Dios nunca debe hacernos perder el temor y el respeto que le debemos. Aunque parezca paradójico, solo el verdadero amor echa fuera el temor, y solo el amor nos puede llenar del santo temor de Dios.

El Señor juzgará la obra de cada uno. La presencia del amor de Dios en nosotros se manifiesta en el amor que nos tenemos los unos a los otros.  El amor se manifiesta también en la falta de hipocresía. El amor no puede ser verdadero si es fingido. Un amor no fingido es el amor de Jonatán, que puso su vida en peligro por amor a  David. El amor de Cristo debe ser ferviente, no debe fluctuar a remolque de nuestras emociones. Por el contrario debe ser un amor intenso que nos mueva a orar los unos por los otros.

El Señor nos ha equipado para vivir en rectitud. Nos ha dejado su Palabra, su Espíritu Santo, y la oración. Pero nuestro distintivo debe ser “Amaos los unos a los otros con entrañable amor”. Tenemos una misma esperanza gloriosa ganada por nuestro Señor Jesucristo en la cruz. Compartámosla también los unos con los otros.

domingo, octubre 16, 2011

Entre el tiempo y la eternidad


Esta mañana ha tenido el ministerio de la Palabra nuestro hermano David Segarra


¿Qué es el tiempo? Todos sabemos lo que es pero nos resulta difícil definirlo. Nos hallamos en el presente viajando hacia el futuro y dejando atrás el pasado. La esfera espacio temporal es nuestro hábitat, y más allá de esa esfera solo se encuentra la inaccesible eternidad.

La esperanza cristiana es Cristo en nosotros, la esperanza de Gloria. Andamos en novedad de vida esperando un día traspasar los umbrales de la eternidad. Los cristianos, por una parte nos vamos desgastando en este cuerpo material, pero por otro lado nuestro espíritu se va renovando de día en día.

Sorprende oír de Pablo, con todas las aflicciones que tuvo que pasar, que nuestra existencia solo es una mera aflicción leve y pasajera comparada con la gloria en la que nos está absorbiendo.

¿Pero, qué hay más allá de la muerte?  Pablo nos habla de una morada celestial, no hecha de manos humanas sino por el mismo Señor.  Y es que cuando morimos pasamos de lo transitorio a lo permanente, de lo temporal a lo eterno.

La eternidad y la temporalidad no se encuentran jamás, son esferas distintas. Cuando salimos del tiempo en el que transcurre nuestra vida entramos en la eternidad. La eternidad no es una mera prolongación interminable de la vida, es más bien una calidad de vida infinitamente mejor a la actual. Una vida en la que participaremos en plenitud de la misma gloria de Dios.

Nuestra esperanza es que el que resucitó a Jesús, también nos resucitará a nosotros. La cruz de Cristo abre por primera y única vez una brecha entre el tiempo y la eternidad. El Señor Jesucristo vino de la eternidad, nació, vivió, murió y resucitó en el tiempo, y regresó a la eternidad. En Cristo hoy seguimos el camino que él mismo trazó.

El apóstol Pablo observa ese camino que parte de la temporalidad y nos lleva a la Eternidad. Ese camino es Cristo, el autor y consumador de nuestra fe.  Hoy nuestro tiempo es de suma importancia, pues nuestros días tienen sin duda un valor eterno. Citando a C.S. Lewis podemos decir con él “Estos pobres cuerpos son como pequeños asnos que nos preparan para poder montar esos poderosos corceles de Dios en los estadios celestiales”.

domingo, octubre 02, 2011

Los “nos” de Dios.


Esta mañana a tenido el ministerio de la Palabra nuestro hermano Carlos López.

La situación en la que se encuentra Moisés no es fácil. Hace poco que ha enterrado a su hermana, lleva ya 40 años dirigiendo por el desierto a un pueblo que con frecuencia ha sido terco, impaciente y rebelde.  En este pasaje, la incredulidad de Moisés se manifiesta en que se apropió de la provisión milagrosa del agua, cuando en realidad no era suya, sino de Dios. Moisés también creyó hablar en nombre de Dios unas palabras que nunca salieron de Él. Del mismo modo golpeó dos veces la roca , cuando nunca se le mandó hacerlo.

David vive un tiempo de paz y prosperidad. Pero David cae en la cuenta que mientras él vive en un palacio, el arca de Dios habita en una tienda de campaña. David manifiesta su voluntad de levantar un templo donde pueda habitar la presencia de Dios, pero Dios le hace ver que por toda la sangre que ha redamado no puede ser él quien le levante Su  casa.

Jesucristo manifiesta su aflicción ante el gran sufrimiento y tribulación que tendrá que pasar, pide a Dios una alternativa, pero Dios no se la puede dar. Nuestra salvación solo puede pasar por el camino a la cruz.

A pesar de todos estos “nos” Moisés forma una nación de las 12 tribus. David crea un reino de una nación fragmentada. Mediante su propio “no”, Jesucristo forma también un nuevo pueblo e inaugura su Reino Eterno. Por el “no” a Cristo hemos sido bendecidos con la mayor de las bendiciones. Los “no” de Dios esconden grandes tesoros. Los “no” de Dios bendicen a muchos, los “no” de Dios ponen de manifiesto su soberanía ¿nos atreveremos a negarnos a nosotros mismos?